En eso le -y me- pregunto cómo puede ser que le guste ese olor a mezcla de pescado podrido y azufre. Me entrega una mirada que es en sí misma una razón. De todos modos, agrega: Me recuerda que estoy lejos de casa.
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lunes, 2 de febrero de 2009
Mar del Plata II, por Juanito
Caminamos unas pocas cuadras de ranchos y descampados, grito de realidad entre esos dos mundos inciertos que resultan Bosque y Mar. Andamos ese equívoco sendero de silencios, inquietudes, caricias y -por qué no- alguna chanza, inventando un espacio de palabras a veces suaves, a veces pícaras y escurridizas, que jamás resignarán vigencia.
En eso le -y me- pregunto cómo puede ser que le guste ese olor a mezcla de pescado podrido y azufre. Me entrega una mirada que es en sí misma una razón. De todos modos, agrega: Me recuerda que estoy lejos de casa.
En eso le -y me- pregunto cómo puede ser que le guste ese olor a mezcla de pescado podrido y azufre. Me entrega una mirada que es en sí misma una razón. De todos modos, agrega: Me recuerda que estoy lejos de casa.
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miércoles, 6 de agosto de 2008
Chascomús II, por Duar

Ángel se calzó su chaleco térmico y apretó fuerte los cordones de sus abrigados zapatos de cuero. Alisó su pelo, se colgó los anteojos y revisó los implementos para la faena: las lombrices, cuidadosamente seleccionadas entre las que abundan en los canteros del patio; caña y riel, facilitados por el vendedor que se acercó con su accesible plan de pagos; anzuelo, cuchillo, teléfono y demás enseres.
Chocho el hombre con la visita de su hija y su yerno desde La Plata. Todo presto para divertirse de lo lindo viéndolo al susodicho lanzando la línea a las tranquilas aguas de la laguna.
Ni bien salieron de la casa se enfrentaron con el rigor del viento y la llovizna pero, tenaces, bien dispuestos, enfilaron hacia el muelle. Ahí, padre e hija explicaron el procedimiento al neófito acompañante; acto seguido le endilgaron la responsabilidad y se frotaron las manos ante el inminente fracaso, con papelón incluido, del yerno.
Las cosas se dieron más o menos como preveían: el susodicho no terminó lastimado gracias a la providencia, pero sus toscos movimientos e inseguridad los habían muñido de una buena cantidad de anécdotas para la vuelta. Ahora, de pescados, ni noticias.
Ángel, el suegro, no se mostraba sorprendido: tiempo después confesó que fue suyo el silencioso y providencial silbido, que ordena a los peces aparecer o esconderse, según amerite la ocasión.
jueves, 10 de julio de 2008
Mar del Plata, por Juanito
Tengo la clave para disfrutar Mar del Plata: andarla a contramano.Evitarla en enero y en lo posible no sondear el centro. Pasar los días respirando el infinito Bosque Peralta Ramos y asomarse a las playas del sur recién cuando anochece y presentan una cara renovada, siempre virgen otra vez.
Nada de casinos ni boliches ni centros comerciantes. Mate, reposera y lluvia. Silencios.
¡Atención! Los silencios de Mar del Plata se contentan de ser escuchados y susurran una ciudad surrealista sólo a los privilegiados que le escapan al barullo turístico. Conozco un médano fantasma donde sucede; también a pies de un pino en calle Atahualpa. Abundan esos pequeños templos, se encuentran con sólo intuir que existen.
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viernes, 23 de mayo de 2008
Chascomús, por Duar.
El paseo por Chascomús tiene sólo un par de citas obligadas; el resto es para echarse panza arriba. Es así nomás: hay que pasar por la Plaza; que tiene la Catedral, el Teatro y la casa de los Alfonsín. A lo sumo la vieja estación o la iglesia de los negros.
Chascomús, cuna de orgullosos federales. Los Libres del Sur muestran sus tradiciones y su argentinidad a flor de piel en cada esquina: el nombre de sus calles ilustra el progresismo de la
generación del 80 y su adoquinado guarda ecos de antiguos carruajes que descansan en el Museo Pampeano.
El aire familiar, entrador y picarón de los cincuentones que se saludan en cada esquina tiene su institución en El Reino de la Amistad: un chascarrillo que se transformó en fiesta de la ciudad, de la mano de los parroquianos de un viejo bar.
Chascomús, tierra fértil de la Pampa, guardó en su cálido humus la semilla de mi media naranja: así llegué un una tarde de sol, para hacer esas tres o cuatro cositas: la plaza, los museos, Alfonsín… y disfrutar de un atardecer peronista tomando mate en la Laguna.
Chascomús, cuna de orgullosos federales. Los Libres del Sur muestran sus tradiciones y su argentinidad a flor de piel en cada esquina: el nombre de sus calles ilustra el progresismo de la
generación del 80 y su adoquinado guarda ecos de antiguos carruajes que descansan en el Museo Pampeano.El aire familiar, entrador y picarón de los cincuentones que se saludan en cada esquina tiene su institución en El Reino de la Amistad: un chascarrillo que se transformó en fiesta de la ciudad, de la mano de los parroquianos de un viejo bar.
Chascomús, tierra fértil de la Pampa, guardó en su cálido humus la semilla de mi media naranja: así llegué un una tarde de sol, para hacer esas tres o cuatro cositas: la plaza, los museos, Alfonsín… y disfrutar de un atardecer peronista tomando mate en la Laguna.
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