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jueves, 5 de febrero de 2009

Dainzú, por José Elías Bautista Rosete


Ligera, como la fruta ausente en sus colinas, la ciudad se oculta vanamente. Nada penetra más que la mirada de los hombres modernos, ellos nombraron diferente al territorio: Dainzú. Una visión fantasma impulsa el grito del ancestro, que invita, furibundo, a retirarse, ya han saqueado demasiado sus dominios. Llorará mientras camina en el silencio de sus pasos, penando inútilmente por el valle, al reparar en que su fuerza ya se ha ido.

El pasado se manifiesta todavía, a manera de bálsamo sanguíneo, que se mezcla con la humedad de las piedras. Sólo las constelaciones saben su nombre verdadero, secreto guardado en las vasijas sumergidas en la arena.

Caminar a tientas, no de noche sino en vacío. Recuerdo a los amigos durante el trayecto. Las estaciones y los años no menguaron estos rumbos. Es seductora la corriente que conserva limpio aquel paisaje.

Numerosas espinas se revelan cautivas en la tela: mis pantalones están heridos de una dúctil concurrencia. La vereda intenta dejarme alguna huella, negándose a quedar en el olvido. Indago la textura de los pastos, peregrino soy en estos vericuetos del estadio. Aún se conservan los sonidos de un conjunto de caderas, que se rompen al herirse, voluntarias, por la fuerza de una bala monolítica: el juego de la muerte, el juego de pelota.

Es un espectáculo que crece en la memoria, como la postal que se olvida en la guantera.

sábado, 19 de julio de 2008

Oaxaca, por José Elías * **

“La alborada” tiene más de cuarenta años de atender al sediento. Apurar una copa en este sitio, es un equivalente a beber cuatro en cualquier otro, la generosidad de los empleados, desde la primera visita, denota que no les tiembla la mano al escanciar sobre el vaso una buena porción de licor; no hay engaño con los hielos, tres cuartas partes de un receptáculo garantizan que pasarán cinco rondas a lo mucho, antes de irse bien servido a disfrutar de la familia. Es obligatoria la partida hacia el hogar, debido a que es un “botanero”, se abre a las diez de la mañana, en horario corrido hasta las nueve de la noche, compartiendo apenas unas pocas horas menos con el de la escuela secundaria y preparatoria que está justo al frente. Uno puede preguntarse cómo es que se autorizó una licencia de cantina, al estar compartiendo la acera con la educación y futuro de nuestro México querido; respuesta concedida: en Oaxaca todavía se respeta el derecho de antigüedad.

*José Elías Bautista Rosete postea como invitado.
** Está editado, es parte de una cronicota.

lunes, 7 de julio de 2008

Santiago de Chile, por Eduardo Galeano*

Santiago de Chile muestra, como otras ciudades latinoamericanas, una imagen resplandeciente. A menos de un dólar por día, legiones de obreros le lustran la máscara.

En los barrios altos, se vive como en Miami, se vive en Miami, se miamiza la vida, ropa de plástico, comida de plástico, gente de plástico, mientras los vídeos y las computadoras se convierten en las perfectas contraseñas de la felicidad.

Pero cada vez son menos estos chilenos, y cada vez son más los otros chilenos, los subchilenos: la economía los maldice, la policía los corre y la cultura los niega.

Unos cuantos se hacen mendigos. Burlando las prohibiciones, se las arreglan para asomar bajo el semáforo rojo o en cualquier portal. Hay mendigos de todos los tamaños y colores, enteros y mutilados, sinceros y simulados: algunos en la deseperación total, caminando a la orilla de la locura, y otros luciendo caras retorcidas y manos tembleques por obra de mucho ensayo, profesionales admirables, verdaderos artistas del buen pedir.

En plena dictadura militar, el mejor de los mendigos chilenos era uno que conmovía diciendo:

—Soy civil.

*Eduardo Galeano postea como invitado.
"Crónica de la Ciudad de Santiago" es parte de "El libro de los Abrazos".

martes, 1 de julio de 2008

City Bell, por Carlos*

Caen una gotas y el inconfundible olor a tierra mojada me trasporta, esté donde esté, a mi ciudad natal. No me la disfraces, ni me la dibujes; no es olor a ozono, es olor a lluvia y a tierra mojada. ¡Si estás igual! -dice la publi- y en mi memoria eso ocurre. Estás tan bella y agreste como siempre, aunque ya no tengas calles de tierra. Tan simple y única, aunque estés tan atestada de autos que decidieron darte un solo sentido de circulación. Tan tranquila y familiar, aunque por tu vía principal ya no circula más el micro para que los peatones puedan recorrer tus miles de comercios.

Y no me vengan con cuentos que todo te queda lejos, porque ahora todos van a vos para poner su sucursal top. Y ya sé, no está el viejo almacén, ni el kiosco de la esquina. Tampoco la vinería, y el banco cambió de dueño. Ya no estoy yo, no están ellos, no están las cosas que viven en los recuerdos de los que te conocimos antes, como estarán en los que te conocen ahora, dentro de unos años.

Bienvenidos a City Bell

*Carlos postea como invitado.

jueves, 26 de junio de 2008

Ringuelet, por Gabo*

La mayoría de las veces que hablo de mi barrio me acusan: Pero ¿Eso es La Plata? Cuando era chico contestaba con un triste "Si...”, medio enojado, como si me estuviesen marginando. Sé que los mayores no lo hacían con esa intención, pero cuando intuían mi enojo profundizaban un poco más en el tema: Pero ¿No tienen otro código postal? Y si se llama Ringuelet ¿No deja de ser La Plata?

Siempre pensaba lo mismo: ¿Por qué no le irán a preguntar al viejo Ludueña? Él siempre tenia una respuesta para todo; y claro, si estaba en el barrio desde el tiempo que las personas transitaban a caballo las calles ahora pavimentadas. Jorge se sentaba en la esquina, sobre una gran piedra -que nadie sabe como habrá llegado ahí- y, mate en mano, vigilaba la plaza esperando que algún oído se acerque a escuchar una de sus tan conocidas anécdotas.

La misma plaza en la que hoy solo quedan dos tablas en el tobogán y una vieja hamaca que se queja en soledad.

*Gabo postea como invitado, se ve que la propuesta de la nostalgia caló hondo :)