Sobran testigos de su entusiasmo previo. Lo disfrutó de antemano. Cada prenda o utensillo que guardaba en el bolso lo transportaba apresurado al goce que le proporcionarían dos días al aire libre.
Esa semana no habló de otra cosa que no tenga que ver con el camping. Proyectó perfectos amaneceres de pesca en las feroces aguas del Carcarañá, gloriosas tardes de fútbol, inolvidables noches de cervezas y mujeres y más cervezas.
Pero Timbúes le dio vuelta la cara: le entregó canchas en pendiente y que la barranca está peligrosa para andar pescando y duchas en reparación; y si querés compartir una copa con alguna dama, a ver si podés metido entre dos millones y medio de mosquitos por metro cúbico y una tormenta de ascendencia tropical. ¡Ah! Me olvidaba: tu carpa está inundada, por no decir que la crecida del río la pasó por encima.
No aguantó ni veinticuatro horas. Entre dolido y resignado, sucio, empapado y sin dormir, juntó sus cosas como pudo y dejó tallado con una llave en cada árbol del lugar: “No vengo nunca más”.
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viernes, 31 de octubre de 2008
lunes, 23 de junio de 2008
Granadero Baigorria, por Juanito
Consideró que disponía de unos segundos para pensar el próximo movimiento. Levantó la vista, agudizó la mirada en busca de un compañero libre, y le pegó fuerte a la pelota, que cruzó el cerco que delimita los dominios de la Liga Baigorriense y dio a parar junto a las patas chuecas de una inmutable vaca que, a falta de pastura, lamía una lata vacía de duraznos en almíbar en el rancho lindero.
Insultos, resignación, alguna carcajada desde afuera de la cancha. Mano Negra FC pierde 3 a 0, en una nueva demostración de “fútbol caos”.
Pero a él le pareció descifrar una burlona sonrisa disimulada en el rostro extraviado del raquítico animal. Fuera de sí, cruzó los límites del campo de juego y saltó el alambrado ante los atónitos pibes sentados a puertas de la ajada tapera. Lejos de atinar a detener al invasor, permanecieron quietos, atentos, expectantes.
- ¡Vaca de mierda! ¿De qué te reís?
Los alaridos -que enmascaraban algo de llanto- poco alteraron la indiferente actitud de la vaca, que ahora dejaba la lata de duraznos al advertir una cáscara de banana a metros del despoblado gallinero.
Hecho el descargo, pegó media vuelta, presto a regresar. Desde la lejanía, se asomaba una inconfundible tarjeta roja.

Insultos, resignación, alguna carcajada desde afuera de la cancha. Mano Negra FC pierde 3 a 0, en una nueva demostración de “fútbol caos”.
Pero a él le pareció descifrar una burlona sonrisa disimulada en el rostro extraviado del raquítico animal. Fuera de sí, cruzó los límites del campo de juego y saltó el alambrado ante los atónitos pibes sentados a puertas de la ajada tapera. Lejos de atinar a detener al invasor, permanecieron quietos, atentos, expectantes.
- ¡Vaca de mierda! ¿De qué te reís?
Los alaridos -que enmascaraban algo de llanto- poco alteraron la indiferente actitud de la vaca, que ahora dejaba la lata de duraznos al advertir una cáscara de banana a metros del despoblado gallinero.
Hecho el descargo, pegó media vuelta, presto a regresar. Desde la lejanía, se asomaba una inconfundible tarjeta roja.
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